Pintar como hobby, una forma diferente de desconectar y desarrollar nuestra creatividad

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Encontrar una actividad que nos permita alejarnos durante un rato de las obligaciones diarias no siempre resulta sencillo. Pasamos muchas horas pendientes del teléfono, el ordenador, los mensajes y las tareas que todavía tenemos por hacer, por lo que incluso nuestro tiempo libre puede terminar lleno de estímulos. Pintar nos propone algo bastante diferente. Tenemos delante un papel o un lienzo, unos cuantos colores y una actividad que necesita que prestemos atención a lo que estamos haciendo en ese momento.

Lo interesante es que no necesitamos tener grandes conocimientos artísticos para empezar. Podemos pintar simplemente porque nos apetece probar, porque queremos aprender algo nuevo o porque buscamos una actividad creativa para nuestro tiempo libre. Al principio quizá nuestros dibujos no se parezcan demasiado a lo que imaginábamos, pero eso forma parte del aprendizaje y también puede convertirse en una de las partes más entretenidas del proceso.

Además, existen muchas formas de acercarnos a la pintura. Podemos utilizar acuarelas, acrílicos, óleos, lápices, rotuladores o combinar diferentes materiales hasta encontrar aquellos con los que nos sentimos más cómodos. No tenemos que decidir desde el primer día cuál será nuestro estilo ni comprar una enorme cantidad de productos. Podemos empezar poco a poco y dejar que nuestra curiosidad nos indique hacia dónde queremos continuar.

Para empezar a pintar no necesitamos considerarnos artistas

Una de las barreras que podemos encontrarnos cuando queremos comenzar una actividad creativa es pensar que no tenemos suficiente talento. Quizá recordamos que en el colegio no dibujábamos demasiado bien o vemos en internet trabajos impresionantes y pensamos que nunca conseguiremos hacer algo parecido. Sin embargo, cuando hablamos de pintar como hobby el objetivo no tiene por qué ser conseguir un resultado profesional. Podemos hacerlo simplemente porque disfrutamos del proceso.

De hecho, aprender desde cero tiene una parte bastante interesante. Empezamos descubriendo cómo se mezclan los colores, qué cantidad de agua necesita una acuarela, cómo se comporta un acrílico sobre una superficie o qué ocurre cuando utilizamos pinceles diferentes. Cada pequeña prueba nos aporta información y poco a poco empezamos a tomar decisiones con más seguridad. Algo que al principio parecía completamente desconocido termina convirtiéndose en una actividad cada vez más familiar.

Personalmente, creo que disfrutaríamos mucho más de las actividades creativas si dejáramos de pensar constantemente si somos buenos o malos haciéndolas. Podemos cocinar sin querer convertirnos en cocineros profesionales y salir a correr sin plantearnos competir. Con la pintura debería ocurrir algo parecido. Podemos pintar simplemente porque nos gusta dedicar un rato a mezclar colores, probar ideas y ver qué aparece sobre el papel.

Pintar puede ayudarnos a concentrarnos en una sola actividad

Nuestro día está lleno de pequeñas interrupciones. Estamos realizando una tarea y aparece una notificación, empezamos otra y recordamos algo pendiente, abrimos una aplicación y terminamos consultando varias cosas que inicialmente no tenían nada que ver con lo que queríamos hacer. Cuando pintamos necesitamos prestar atención a decisiones bastante concretas, como elegir un color, controlar el movimiento del pincel o decidir qué parte queremos trabajar a continuación.

Esa concentración puede hacer que durante un rato dejemos en segundo plano otras preocupaciones. Cuando estamos pendientes de los colores, las formas y los movimientos que realizamos con el pincel, nuestra atención se dirige hacia una actividad concreta y podemos alejarnos momentáneamente de algunas de las tareas que ocupan nuestra cabeza durante el resto del día. Esto no significa que pintar produzca el mismo efecto en todas las personas, pero sí puede convertirse en una forma agradable de cambiar de ritmo, dedicar tiempo a algo creativo y disfrutar de unos minutos diferentes dentro de nuestra rutina.

También debemos diferenciar claramente entre disfrutar de la pintura como hobby y utilizar el arte dentro de un contexto terapéutico profesional. Pintar en casa puede resultarnos entretenido, relajante o ayudarnos a cambiar el foco de atención, pero no tenemos que convertir cada afición en una herramienta destinada a solucionar nuestros problemas. A veces es suficiente con reconocer que dedicar una hora a algo que nos gusta puede ayudarnos a romper con la rutina. Además, podemos aprovechar ese momento simplemente para experimentar con colores y formas sin preocuparnos demasiado por el resultado. Tener una actividad que hacemos únicamente porque nos apetece también puede aportar variedad a nuestro tiempo libre. Poco a poco, incluso podemos descubrir que esperamos con ganas esos momentos en los que sacamos los pinceles y volvemos a crear algo desde cero.

Elegir una técnica sencilla puede hacer que nuestros primeros pasos sean más fáciles

Cuando entramos por primera vez en el mundo de la pintura podemos sentirnos algo perdidos porque existen muchísimos materiales. Encontramos acuarelas, acrílicos, óleos, témperas, diferentes tipos de papel, lienzos, pinceles de numerosos tamaños y productos cuyo uso probablemente desconocemos. No necesitamos comprarlo todo. Para comenzar resulta mucho más práctico elegir una técnica y aprender poco a poco cómo funciona.

La acuarela puede resultar atractiva si nos gustan los acabados ligeros y transparentes, aunque controlar el agua requiere cierta práctica. El acrílico ofrece una forma diferente de trabajar porque seca relativamente rápido y permite utilizar colores intensos. El óleo tiene otras características y otros tiempos de trabajo. Ninguna técnica es universalmente mejor para empezar. La elección dependerá de aquello que nos apetezca hacer, del espacio que tengamos y de cuánto queramos complicarnos durante nuestras primeras sesiones.

También podemos empezar dibujando antes de utilizar pintura o combinar ambas cosas. Un lápiz y un cuaderno permiten practicar formas, proporciones y sombras prácticamente en cualquier lugar. Después podemos añadir color progresivamente. Lo importante es evitar la sensación de que necesitamos disponer de un estudio completo antes de hacer nuestro primer dibujo, porque esa idea puede hacer que retrasemos continuamente algo que podríamos empezar de una manera muy sencilla.

Nuestro primer rincón para pintar puede ser mucho más sencillo de lo que imaginamos

No necesitamos disponer de una habitación exclusivamente dedicada a pintar. Una mesa con buena iluminación puede ser suficiente para empezar, especialmente si utilizamos formatos pequeños. Lo que sí resulta conveniente es organizar los materiales de manera que podamos preparar y recoger nuestro espacio sin demasiado esfuerzo. Si necesitamos veinte minutos cada vez que queremos comenzar, probablemente terminaremos pintando con menos frecuencia.

Podemos preparar una caja o un pequeño carrito donde guardemos pinturas, pinceles, lápices, recipientes y otros materiales. También conviene proteger la superficie sobre la que trabajamos y tener cerca aquello que utilizaremos para limpiar. Si empleamos productos que requieren condiciones específicas de ventilación o manipulación, tendremos que respetar siempre las instrucciones correspondientes y adaptar nuestro espacio al tipo de material que hayamos elegido.

Para comenzar podemos centrarnos en unas pocas cosas:

  • Una técnica que realmente tengamos ganas de probar
  • Una selección reducida de colores
  • Algunos pinceles de tamaños diferentes
  • Una superficie adecuada para la técnica elegida
  • Un recipiente y materiales para limpiar
  • Un espacio con iluminación suficiente
  • Ropa que no nos preocupe manchar

Con esto podemos realizar muchísimas pruebas antes de necesitar materiales más especializados. A medida que aprendamos descubriremos qué echamos de menos y podremos comprar con mucho más criterio.

Equivocarnos también forma parte de aprender a pintar

Uno de los primeros cambios que necesitamos hacer cuando empezamos es aceptar que muchas cosas no saldrán como esperábamos. Podemos mezclar dos colores y obtener un tono completamente distinto al que buscábamos, dibujar una figura con unas proporciones extrañas o estropear una zona que hasta ese momento nos gustaba. Si esperamos que todo salga bien desde el principio, probablemente acabaremos frustrándonos.

En cambio, podemos utilizar esos errores como pequeñas pruebas. Si un color ha quedado demasiado oscuro podemos preguntarnos qué mezcla hemos realizado. Si la pintura se comporta de una manera inesperada quizá hemos utilizado demasiada agua o demasiado producto. Esta forma de experimentar nos ayuda a comprender los materiales mucho mejor que intentar memorizar únicamente instrucciones y repetirlas sin entender qué ocurre.

También resulta interesante conservar algunos de nuestros primeros trabajos. Puede darnos vergüenza enseñarlos, pero dentro de unos meses nos permitirán observar nuestra evolución. A veces progresamos de una manera tan gradual que no somos conscientes de cuánto hemos aprendido hasta que comparamos un dibujo reciente con otro que hicimos cuando acabábamos de empezar.

Los materiales pueden cambiar bastante nuestra forma de experimentar

A medida que empezamos a pintar descubrimos que cada material nos obliga a trabajar de una manera diferente. No sentimos lo mismo utilizando un pincel fino que uno ancho, ni conseguimos el mismo resultado trabajando con acuarela que aplicando una pintura más opaca. Incluso el papel o la superficie elegida pueden cambiar nuestra forma de movernos y las posibilidades que tenemos para corregir, añadir capas o crear determinadas texturas.

La información ofrecida por Arte Spray nos sirve para conocer algunas de las diferencias que existen entre los materiales utilizados en bellas artes y las técnicas con las que se relacionan. Acuarelas, acrílicos, óleos o materiales de dibujo tienen características distintas y requieren formas de trabajo que iremos descubriendo con la práctica. Esto nos ayuda a entender que cuando empezamos a pintar no necesitamos dominar todas las técnicas, sino experimentar poco a poco hasta descubrir con cuál nos sentimos más cómodos.

Con el tiempo seguramente empezaremos a notar diferencias que al principio pasaban completamente desapercibidas. Descubriremos que preferimos una determinada forma de pincel, que nos resulta más agradable trabajar sobre cierto tipo de superficie o que algunos colores aparecen continuamente en nuestros cuadros. Esa experiencia es precisamente la que nos permitirá elegir nuestros materiales con más sentido y construir poco a poco un pequeño equipo adaptado a nuestra forma de pintar.

No saber qué pintar también tiene solución

Podemos tener preparados todos los materiales y quedarnos mirando una hoja en blanco sin saber por dónde empezar. Es completamente normal. Cuando no tenemos experiencia, pensar que debemos inventar una obra desde cero puede resultar mucho más difícil que el propio acto de pintar. En esos casos podemos buscar ejercicios sencillos que nos permitan practicar sin preocuparnos demasiado por el resultado final.

Podemos empezar pintando objetos que tengamos delante, una taza, una fruta, una planta o cualquier elemento cotidiano. También podemos utilizar fotografías propias como referencia, practicar combinaciones de colores, crear formas abstractas o intentar representar un paisaje sencillo. Incluso podemos dedicar una sesión exclusivamente a realizar mezclas y comprobar qué tonalidades obtenemos. No todo lo que pintamos necesita terminar convertido en un cuadro que queramos colgar.

Cuando eliminamos esa obligación de crear algo espectacular aparecen muchas más posibilidades. Podemos llenar una página de pequeñas pruebas, repetir el mismo objeto varias veces o utilizar colores completamente diferentes a los reales. La creatividad también se desarrolla jugando y tomando decisiones que inicialmente no sabemos si funcionarán. Precisamente por eso un hobby puede ser un buen lugar para experimentar, ya que no tenemos que entregar el resultado a nadie ni cumplir unas expectativas determinadas.

La creatividad también necesita tiempo y constancia

Empezar a pintar puede ser emocionante porque todo resulta nuevo, pero convertirlo en un hobby requiere encontrarle un lugar dentro de nuestra rutina. No tenemos que pintar todos los días ni dedicar sesiones de varias horas. Puede ser suficiente reservar algún momento durante la semana y procurar que la actividad no termine siempre desplazada por otras obligaciones menos importantes.

La constancia también nos ayuda a perder el miedo a empezar. Cuanto más tiempo pasa entre una sesión y otra, más fácil resulta pensar que hemos olvidado lo aprendido o que necesitamos esperar a disponer de toda una tarde libre. En cambio, si acostumbramos a sacar los materiales durante periodos más cortos, pintar empieza a convertirse en una actividad cotidiana y dejamos de sentir que cada sesión tiene que producir un resultado extraordinario.

Quizá esa sea una de las mejores cosas de pintar como hobby. No necesitamos demostrar nada, competir con nadie ni convertir cada cuadro en algo perfecto. Podemos aprender técnicas, desarrollar nuestra creatividad y descubrir poco a poco qué nos gusta hacer mientras dedicamos un rato a una actividad completamente diferente de muchas de las que ocupan nuestro día. Algunas veces terminaremos con una pintura que nos encanta y otras con una hoja llena de pruebas que no enseñaremos a nadie, pero ambas experiencias pueden formar parte exactamente del mismo proceso.

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